La Agenda de Seguridad y Defensa (futuro de la OTAN): Implicaciones para la Infantería de Marina y el CIFAS

16 07 2011
BORRADOR / FIRST DRAFT

Dedicado a Robert M. Gates, en señal de agradecimiento y como muestra de nuestra más profunda admiración por los años que ha servido como Secretario de Defensa de EEUU

ASUNTO: Traducción del discurso de Robert M. Gates: ”La Agenda de Seguridad y Defensa (futuro de la OTAN)“, y análisis de sus probables implicaciones para la Infantería de Marina y el CIFAS.

FECHA/HORA: 111129L JUN 11

ULTIMA REVISIÓN: 03XXXX AGO 11

ADVERTENCIA PRELIMINAR

Este documento no refleja la postura oficial del Ministerio de Defensa del Reino de España, ni de ninguna de sus unidades, buques, centros u organismos.

Está elaborado a partir de fuentes abiertas.

REFERENCIAS

1.- Discurso: “The Security and Defense Agenda (Future of NATO)”, pronunciado por el Secretario de Defensa de EEUU, Robert M. Gates, en el Cuartel General de la OTAN, Bruselas (Bélgica), el pasado 10 JUN 11. La transcripción oficial, en inglés se encuentra disponible en el siguiente enlace oficial:

http://www.defense.gov/speeches/speech.aspx?speechid=1581

2.- Informes anteriores SINCLAS sobre capacidades, intenciones, limitaciones, vulnerabilidades críticas, centros de gravedad y probables cursos de acción de EEUU en el ámbito de la Alianza Atlántica.

3.- Perfil biográfico y psicológico de Robert M. Gates SINCLAS.

4.- Análisis del Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN.

5.- Otros informes INTEL SINCLAS [NO INCLUIR]

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este documento es ofrecer una traducción [NO OFICIAL] al español del discurso de despedida de Robert Gates, actual Secretario de Estado de Defensa de EEUU, quien cesará en su cargo el próximo 30 JUN 11.

El discurso fue pronunciado durante la reunión de Ministros de Defensa de la OTAN, celebrada en Bruselas (Bélgica), el pasado 10 JUN 11.

En la conclusiones se ofrecerá un breve análisis de probables implicaciones para el Reino de España, así como de posibles extrapolaciones para el CIFAS y los subsistemas de Inteligencia Militar y Anfibia de Infantería de Marina. Por último, se ofrecerán algunas recomendaciones para nuestros destinatarios en todos los niveles: táctico, operacional y estratégico.

DESARROLLO

La Agenda de Seguridad y Defensa (futuro de la OTAN)

Pronunciado por el Secretario de Defensa Robert M. Gates, Bruselas (Bélgica).

Viernes, 10 de junio de 2011

Le agradezco, señor Secretario General Jaap, su amable introducción.

Y mis gracias también para Giles Merritt y la Agenda de Seguridad y Defensa, por la oportunidad que me brindan de hablar hoy aquí. Este es el día once de un viaje internacional de 11 días, así que espero que comprendan que esté más pendiente de volver a casa. Pero me alegro, en este momento y en este lugar, de poder compartir con ustedes esta mañana algunas reflexiones sobre la relación de seguridad transatlántica, en el que será mi último discurso político como Secretario de Defensa de EEUU.

La seguridad de este continente, con la OTAN como principal instrumento para proteger esa seguridad, ha sido el interés que ha absorbido la mayor parte de mi vida profesional.

En muchos sentidos, el evento de hoy me remonta a mis comienzos. El primer gran discurso que pronuncié después de asumir este cargo, hace ya casi cuatro años y medio, fue también en el Viejo Continente, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich. El tema era el estado de la Alianza Atlántica, que por aquel entonces estaba siendo puesta a prueba, debido al resurgir de los talibanes en Afganistán. Hoy me gustaría compartir algunas reflexiones de despedida sobre el estado de este proyecto de seguridad trasatlántica, que cuenta ya más de 60 años de antigüedad, y que incluyen:

  • Dónde se encuentra la misión de la alianza en Afganistán, puesto que entramos en una fase de transición crítica;
  • Las graves carencias de capacidades de la OTAN, y otros defectos institucionales que han quedado al desnudo por la operación en Libia;
  • La necesidad militar —y política— de arreglar esas deficiencias, si la alianza de seguridad transatlántica quiere ser viable en adelante;
  • Y en términos más generales, la creciente dificultad de EEUU para mantener su actual apoyo a la OTAN, si es el contribuyente norteamericano quien tenga que seguir cargando con la mayor parte del peso en el seno la Alianza.

Comparto estas ideas en un espíritu de solidaridad y amistad, consciente de que los verdaderos amigos de vez en cuando tienen que hablarse sin rodeos, por el bien de ese interés superior y esos valores que nos unen.

En primer lugar, algunas palabras sobre Afganistán. Acabo de regresar de tres días de visitas y encuentros con nuestras tropas y comandantes allí, y vuelvo impresionado e inspirado por los cambios que los últimos meses han tenido lugar sobre el terreno. No es ningún secreto que, durante demasiado tiempo, el esfuerzo militar internacional en Afganistán ha sufrido de una falta de enfoque, recursos y atención, una situación exacerbada por el hecho de que el principal foco de atención de EEUU durante la mayor parte de la pasada década fuera Irak.

Cuando la OTAN acordó en la Cumbre de Riga, en 2006, tomar la iniciativa para garantizar la seguridad en todo el país, sospecho que muchos aliados supusieron que la misión sería básicamente de mantenimiento de paz, de reconstrucción y de ayuda al desarrollo, más parecida a los Balcanes. En vez de eso, la OTAN se vio envuelta en una dura lucha contra unos talibanes determinados y resurgidos, que retornaban con fuerza de sus de sus santuarios en Pakistán.

Pronto los desafíos inherentes a cualquier operación de la coalición salieron a la superficie: salvedades nacionales que maniataban a los comandantes aliados, a veces de manera exasperante; la incapacidad de muchos aliados para cumplir con los compromisos acordados y, en algunos casos, contribuciones dispares a lo loco por diferentes estados miembro. Las frustraciones por estos obstáculos a veces entraba en ebullición a la luz pública. Yo tenía algunas palabras escogidas que decir sobre este asunto, durante mi primer año en el cargo, calificadas desfavorablemente en su momento por uno de mis colegas ministros en la OTAN como “diplomacia del megáfono“.

Sin embargo, como resultado de todo ello, la OTAN —como una alianza colectiva— ha superado en su mayor parte la misión en Afganistán. Consideren que cuando me convertí en Secretario de Defensa en 2006, había unos 20.000 soldados no estadounidenses de países OTAN en Afganistán. Hoy esa cifra es de aproximadamente 40.000. Más de 850 soldados no estadounidenses de estados miembros de la OTAN han sacrificado su vida en Afganistán. Para muchos países aliados se trataba de las primeras bajas militares que sufrían desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Francamente, hace cuatro años nunca me hubiera esperado que la Alianza fuera a sostener esta operación a este nivel durante tanto tiempo, ni mucho menos que sumara significativamente más fuerzas en 2010. Es un crédito a las valientes tropas de la ISAF sobre el terreno, así como a los gobiernos aliados, que han expuesto los argumentos a favor de la misión en Afganistán en circunstancias políticas difíciles dentro de su propio país.

Durante los últimos dos años, EEUU ha completado un dramático giro en sus prioridades militares de Irak hacia Afganistán, proporcionando refuerzos a los aliados que han estado manteniendo con dos cojones la línea del frente en el sur. Esos nuevos recursos —combinados con una nueva estrategia— han transformado decisivamente el impulso militar sobre el terreno, con los talibanes expulsados de sus antiguos refugios.

Mientras el Presidente Obama está todavía considerando el tamaño y el ritmo del comienzo de la retirada de tropas en julio, les puedo asegurar que no habrá precipitación en las salidas. La inmensa mayoría de la oleada de fuerzas que ha llegado durante los dos años pasados se quedará hasta pasada la temporada de combates del verano. También vamos a reasignar a muchas tropas desde áreas transferidas a control afgano hacia otras provincias y distritos menos seguros. [COMMENT España no se incluirá en esas tropas END COMMENT]

Como los talibanes intentarán llevar a cabo su inevitable contraataque, diseñado para incrementar las bajas de la ISAF y socavar la voluntad internacional, ahora es el momento de capitalizar los beneficios de los últimos 15 a 18 meses: mediante el mantenimiento de la presión sobre los talibanes y reforzando el éxito militar con una gobernanza mejorada, la reintegración y, en última instancia, la reconciliación política. Dado lo que he visto y oído —no sólo durante mi reciente visita a Afganistán, sino también durante los últimos dos años—, creo que esos beneficios pueden arraigarse y sostenerse a lo largo del tiempo con el adecuado apoyo aliado. Se ha logrado demasiado, a un precio demasiado alto, como para dejar que ese impulso se vaya a la mierda justo ahora que el enemigo se encuentra a la defensiva. Para ese fin, no podemos permitirnos el lujo de tener a algunas naciones contribuyendo con tropas, pero que retiren sus fuerzas con su propio calendario, de una manera que socave la misión y le incremente los riesgos a los demás aliados. [COMMENT Hipótesis: España tiene su propio calendario para la retirada de Afganistán. Elecciones generales 2012 END COMMENT]. El camino a seguir en Afganistán es: “Juntos entramos, juntos salimos“. Sólo entonces nuestras tropas podrán volver a casa con el honor y el reconocimiento que tan bien merecidos tienen, y la alianza transatlántica habrá superado su primera gran prueba del siglo XXI:

  • Infligiendo una derrota estratégica e ideológica a los grupos terroristas que amenazan a nuestros países;
  • Dando esperanzas de futuro a una gente que lleva sufriendo demasiado;
  • Proporcionando un camino hacia la estabilidad para una parte del mundo de importancia crítica.

Aunque podamos estar orgullosos de lo que se ha logrado y sostenido en Afganistán, la misión de la ISAF ha dejado en evidencia importantes deficiencias en el seno de la OTAN: en sus capacidades militares y en su voluntad política. A pesar de contar con más de 2 millones de soldados uniformados —SIN contar a los militares de EEUU—, la OTAN se las ha visto canutas, a veces hasta la desesperación, para sostener un despliegue de 25 a 40.000 efectivos, no sólo en botas sobre el terreno, sino en recursos de apoyo cruciales, tales como helicópteros, aviones de transporte, mantenimiento, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, y mucho más.

Cambiando de tercio, a la operación de la OTAN en Libia, se ha vuelto jodidamente claro que deficiencias similares —en la capacidad y en la voluntad— tienen el potencial de poner en peligro la habilidad de la Alianza para llevar a cabo una campaña aeronaval integrada, efectiva y sostenida. Tengan en cuenta que la operación “Unified Protector” es:

  • Una misión con un amplio apoyo político;
  • Una misión que no involucra tropas terrestres expuestas al fuego enemigo;
  • Y, por si esto fuera poco, es una misión a las puertas de Europa, que está considerada de serlo por el interés vital de Europa.

Podemos estar seguros, para comenzar, de que la misión de la OTAN en Libia ha cumplido con sus objetivos militares iniciales: dejando fuera de servicio a la fuerza aérea de Gadafi y reduciendo su capacidad de proseguir una guerra ofensiva contra sus propios ciudadanos. Y mientras la operación ha sacado a relucir algunas deficiencias ocasionadas por la escasez de fondos, también ha mostrado el potencial de la OTAN, con una operación en la que los europeos están tomando la iniciativa con el apoyo estadounidense. Sin embargo, mientras que cada miembro de la Alianza votó a favor de la misión en Libia, menos de la mitad no ha participado en absoluto, y menos de un tercio ha querido participar en las misiones de ataque. [COMMENT España no participa en las operaciones de ataque END COMMENT] Francamente, muchos de esos aliados sentados en el banquillo lo hacen así, no porque no quieran participar, sino sencillamente porque no pueden. Las capacidades militares simplemente no están ahí.

En particular, faltan recursos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, que permitirían a más aliados involucrarse y marcar la diferencia. El avión de combate más avanzado sirve de poco uso si los aliados no tienen los medios para identificar, procesar y atacar objetivos como parte de una campaña integrada. Para ejecutar la campaña aérea, el Centro de Operaciones Aéreas de la OTAN en Italia requirió un incremento muy importante de especialistas en adquisición de blancos, la mayoría provenientes de EEUU, para hacer ese trabajo. Una inyección de personal “justo a tiempo” que puede no estar siempre disponible para futuras contingencias. Tenemos el espectáculo de un centro de operaciones aéreas diseñado para controlar más de 300 salidas de combate diarias, pero pasándolas canutas para lanzar 150. Además, la alianza militar más poderosa de la Historia lleva sólo 11 semanas en una operación contra un régimen pobremente armado, en un país escasamente poblado, y ya muchos aliados están empezando a quedarse cortos de munición, necesitando a EEUU, una vez más, para compensar la diferencia.

En el pasado me he preocupado abiertamente de que la OTAN se acabara convirtiendo en una alianza de dos clases: entre la de los miembros que se especializan en tareas “blandas”: humanitarias, de desarrollo, de mantenimiento de paz o negociaciones; y los que ejecutan las misiones “duras” de combate [COMMENT. El Reino de España pertenece a la primera clase]. Entre los que tienen la intención y son capaces de pagar un precio y soportar las cargas de los compromisos de la alianza; y esos otros que disfrutan de los beneficios de ser miembros de la OTAN —ya se trate de garantías de seguridad o bien de alojar cuarteles generales [COMMENT El cuartel general de Retamares END COMMENT]—, pero no quieren compartir los riesgos y los costes. Esto ya no es más una preocupación hipotética. Ahí nos encontramos hoy. Y eso es algo inaceptable.

Parte de este atolladero proviene de la falta de voluntad, en gran medida debida a la falta de recursos en este periodo de austeridad. Para todos, salvo para un puñado de aliados, los presupuestos de defensa —en términos absolutos, como una parte de la producción económica— han sido privados crónicamente de una financiación adecuada durante mucho tiempo, con unos déficits que se incrementan sobre sí mismos cada año. A pesar de las exigencias de la misión en Afganistán —la primera guerra “caliente” luchada por tierra en la historia de la OTAN—, el gasto total de defensa europeo se redujo, según ciertas estimaciones, cerca de un 15% durante la década que siguió al 11-S. Por otra parte, el aumento de los gastos de personal, combinados con las exigencias de preparación y equipamiento para los despliegues afganos, ha consumido una parte cada vez mayor de unos presupuestos de defensa ya de por sí escasos. El resultado es que las cuentas de inversión en futuras modernizaciones y otras capacidades no relacionadas directamente con Afganistán están siendo exprimidas, como lo estamos viendo hoy en Libia.

Yo soy el último de una ristra de secretarios de defensa de EEUU, que ha urgido a los aliados en privado y en público, a menudo con exasperación, para que cumplan los puntos de referencia de la OTAN acordados para gastos de defensa. Sin embargo, la realidad fiscal, política y demográfica hace improbable que esto vaya a suceder pronto, ya que incluso puntales militares como el Reino Unido se han visto forzados a cambiar el camón con grandes recortes en la estructura de la fuerza. Actualmente, tan sólo cinco de los 28 aliados: EEUU, Reino Unido, Francia, Grecia y Albania, superan el acuerdo del 2% del PIB para gastos de defensa.

Lamentablemente, pero siendo realistas, esta situación resulta muy poco probable que cambie. El desafío relevante para nosotros hoy, por lo tanto, ya no es más el nivel total para gastos de defensa de los aliados, sino de qué manera se asignarán esos recursos limitados (y cada vez más escasos), y para qué prioridades. Por ejemplo, aunque algunos de los miembros más pequeños de la OTAN posean unas modestas fuerzas armadas en cuanto a tamaño y financiación, que no cumplen con el umbral del 2%, varios de esos aliados han logrado pelear bien por encima de su peso, debido a la forma con la que emplean los recursos de que disponen.

En la operación de Libia, Noruega y Dinamarca han proporcionado el 12% de los aviones de combate aliados y hasta ahora han atacado alrededor de un tercio de los objetivos. Bélgica y Canadá también están realizando importantes contribuciones a las misiones de ataque. Estos países, con sus limitados recursos, han hallado vías para llevar a cabo la instrucción, comprar el material y desplegar las plataformas necesarias para desarrollar una contribución militar creíble.

Estos ejemplos son las excepciones. A pesar de la imperiosa necesidad de gastar más en equipamiento vital [COMMENT DGAM vs Junta de Reglas de Infantería de Marina END COMMENT], y el personal adecuado para apoyar las misiones en curso —unas necesidades que han saltado a la vista durante las dos últimas décadas—, demasiados aliados no han estado dispuestos a cambiar radicalmente la manera según la cual establecen sus prioridades y destinan sus recursos. Sin EEUU, los miembros de la OTAN se gastan en conjunto más de 300 mil millones de dólares anuales en defensa, lo cual, si se destinara sabia y estratégicamente, podría comprar una cantidad considerable de capacidades militares utilizables. En vez de eso, los resultados son significativamente menores que la suma de las partes. Esto no sólo ha menoscabado las operaciones en curso, sino que además constituye un mal augurio para garantizar que la OTAN tenga esas capacidades clave de la alianza común del futuro.

Con la mirada puesta en el futuro, y para evitar esa posibilidad muy real de la irrelevancia militar colectiva, los países miembros deben examinar nuevos enfoques para incrementar sus capacidades de combate: en la adquisición, en la instrucción, en la logística, en el sostenimiento. Mientras resulta evidente que los miembros de la OTAN deberían hacer más para tener un fondo común de recursos militares, iniciativas tales como la “Defensa Inteligente” no constituyen una panacea. En el análisis final, no hay sustituto para las naciones que proporcionan los recursos necesarios para tener las capacidades militares que la Alianza necesita cuando afronta un reto de seguridad. En última instancia, las naciones deben ser responsables de su participación justa en la defensa común.

Permítanme concluir con algunas reflexiones sobre el contexto político contra el cual todos nosotros debemos lidiar. Como todos ustedes saben, la grave situación fiscal de EEUU está ahora ejerciendo presión sobre nuestro presupuesto de defensa, y nos encontramos en un proceso de valoración sobre dónde EEUU puede o no aceptar más riesgos, como resultado de la reducción del tamaño de nuestras fuerzas armadas. Nos quedan por delante decisiones peliagudas, que afectan a cada parte de nuestro gobierno, y en ocasiones como esta, el escrutinio recae inevitablemente sobre el coste de nuestros compromisos en el exterior: desde la ayuda exterior a las bases militares, el apoyo y las garantías militares.

El Presidente Obama y yo creemos que a pesar de las presiones presupuestarias, supondría un grave error para EEUU retirarse de sus responsabilidades globales. Y la semana pasada en Singapur esbocé muchas de las áreas donde el compromiso de defensa de EEUU y la inversión en Asia se han planificado para seguir creciendo durante los años venideros, incluso si los aliados tradicionales de EEUU en esa región asumen legalmente el papel de socios de pleno derecho para su propia defensa.

En lo que a Europa respecta, durante la mayor parte de estas seis décadas han sido relativamente pocas las dudas o el debate en Estados Unidos sobre el valor y la necesidad de la alianza transatlántica. Los beneficios de una Europa unida, próspera y libre, tras haber sido devastada dos veces por unas guerras que requirieron la intervención norteamericana, resultaban evidentes. Por lo tanto, para la mayoría de los gobiernos estadounidenses de la Guerra Fría se podían justificar las inversiones de defensa y las costosas bases avanzadas, que constituían aproximadamente el 50% de todo el gasto militar de la OTAN. Pero unas dos décadas después de la caída del Muro de Berlín [COMMENT Descansen en paz la URSS y el Pacto de Varsovia END COMMENT], la cuota de EEUU para gastos de defensa de la OTAN se ha incrementado ahora en más de un 75%; en un momento en el cual se están considerando en nuestro país recortes presupuestarios y de prestaciones políticamente dolorosos.

La cruda realidad es que habrá una disminución del apetito y la paciencia en el Congreso de los EEUU —y en el cuerpo político estadounidense salta a la vista— de gastar unos fondos cada vez más preciosos en nombre de unas naciones que, por lo visto, no están dispuestas a dedicar los recursos necesarios o hacer los cambios oportunos para ser unos socios serios y capaces en su propia defensa. Naciones aparentemente dispuestas y ansiosas para los contribuyentes estadounidenses de asumir la creciente carga de seguridad dejada por las reducciones en los presupuestos de defensa europeos.

En efecto, si las tendencias actuales de disminución de las capacidades de defensa europea no se paran y se cambian totalmente, los futuros líderes políticos de EEUU —esos para quienes la Guerra Fría no fue la experiencia formativa que ha sido para mí— probablemente no tengan en cuenta que el rendimiento de la inversión de EEUU en la OTAN valga su costo. [COMMENT Hipótesis: Sarah Palin 2012 END COMMENT]

Lo que he esbozado es la posibilidad real de un futuro nada halagüeño, si no funesto, para la alianza transatlántica. Dicho futuro es posible, pero no inevitable. La buena noticia es que los miembros de la OTAN —individual y colectivamente— lo tienen muy al alcance de sus medios para frenar y cambiar completamente estas tendencias, y generar, en cambio, un futuro muy diferente:

  • Realizando un serio esfuerzo por proteger los presupuestos de defensa de verse más destripados durante la próxima ronda de medidas de austeridad;
  • Mediante una mejor asignación (y coordinación) de los recursos que tenemos, y
  • Continuando hasta el final con las obligaciones con la alianza y las de unos con otros.

No resulta demasiado tarde para Europa corregir el rumbo de sus instituciones de defensa y sus relaciones de seguridad. Pero hará falta el liderazgo de los dirigentes y responsables políticos de este continente. Esto no puede conseguirse, exigirse o imponerse desde el otro lado del Atlántico.

A lo largo de la vida de la alianza transatlántica no han faltado las disputas ni los roces. Pero a pesar de todo, hemos podido lograr grandes cosas conforme avanzaba el tiempo. Nos reuníamos para tomar decisiones difíciles, a pesar de la disensión en casa y las amenazas en el extranjero. Y me anima saber que podemos hacerlo de nuevo.

CONCLUSIÓN

RECOMENDACIONES


Acciones

Información

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s




Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 42 seguidores